a Nayeli
Lo que hay detrás de tu nombre con sabor a enfermedad
ya no me basta para recordarte.
Lo que escondes entre los orificios de lo infinito ha comenzado a impacientarme.
El rojo escaño de lo desconocido.
Una impaciencia saturada de soledad
y tú, rehuyendo entre las fallas de un parpadeo.
Reinventarte a cada tarde
La recolección de tus palabras en papel.
Concebirte siempre de manera diferente,
detallarte o imaginarte, cuando no estás,
Siempre en mi habitación a oscuras.
No reniego nunca de tus reproches o balbuceos.
La razón inocua de ambos por la tarde
en el intercambio de charlas tal vez sin sentido
para corromper la tarde-noche del tedio y
rasgarnos instantes de vida mutuamente.